
Un cristiano no sólo debe evitar lo que está mal, sino que ha de hacer el bien. Entre las cosas que están bien, las hay buenas y las hay mejores. Vamos a verlo a partir del siguiente relato.
"Demasiadas golosinas"
Todas las mañanas, de camino al colegio, Miguel entraba en una panadería y , con el dinero de su paga, compraba chucherías para comerlas en el recreo. A veces las compartía con algún compañero, pero otras veces no, según el humor que tuviera.
A la hora de comer ya no tenía hambre y, a menudo,tiraba la comida.Por la tarde, de vuelta a casa, volvía a entrar en la panadería y se compraba un bollo de chocolate.
Cuando llegaba a casa le gustaba merendar galletas o cereales.Pero si no había, montaba en número. Y a la hora de cenar, sobre todo si había verdura, repetía la misma historia.
Un buen día, Miguel cambió de repente. Sus compañeros notaron que ya no comía chucherías y, además, lo veían más contento que antes. También empezó a poner todo lo que ponían y le parecía riquísimo. Su madre estaba encantada y se lo dijo. Entonces, Miguel fue a su habitación, cogió su hucha, la abrió y dijo muy serio:
-Mira, este dinero que he ahorrado quiero dárselo a los niños necesitados.
Después la exlicó a su madre lo que le había hecho cambiar de actitud. Había visto en el colegio un video sodre niños que pasan hambre en el mundo y se había quedado muy impresionado. Pensó que no tenía derecho a desperdiciar la comida que a otros les faltaba y había decidido compartir con ellos lo que él se gastaba en chucherías.

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